martes, 15 de febrero de 2011

Destino




Septiembre 17/10


Algunos atribuyen todo a la suerte o a ese que llamamos destino, yo creo que es algo que inventaron para justificar los sucesos a los que no les encontramos explicación, al vivir en una constante búsqueda del Por Qué de las cosas, nos topamos con miles de situaciones a las que no podemos atribuirles una razón. Son estas experiencias a las que le metemos el nombre de Destino, nos llenamos la boca diciendo que las cosas siempre pasan por un motivo, que de lo malo aprendemos, que no hay mal que por bien no venga, etc. 

Esa es una idea que nos inculcan desde que nacemos, es como si nos dijeran que es necesario vivir errados, nos dan permiso de equivocarnos las veces que queramos, pues al fin y al cabo ese “destino” ya lo tiene preparado, y al final, luego de mil cosas “malas”, luego de cagarla mil veces, luego de sentir que el mundo se derrumba, ese Destino destructor, se convierte en un Destino reconstructor, nos da la posibilidad de comenzar de nuevo, ladrillo por ladrillo se reconstruye la vida a pesar de casi sentir que era imposible, de casi sentir que todo se había perdido. El Destino nos devuelve la Fe o la Esperanza [como se quiera llamar], nos da la posibilidad de volver a creer, creer que es posible renacer.

Al fin y al cabo, pareciera que es necesario pasar por todo eso, seguirle el jueguito a la vida [que no es ningún juego], dejarnos atrapar por esos designios que parecen inevitables, involucrarnos de vivencias y bañarnos de experiencias para poder continuar.

Ese Destino supone ser justo con todos, nos da y nos quita, nos tumba al piso y nos vuelve a levantar, nos mata y nos vuelve a dar vida, nos priva de algo y luego lo devuelve. Ese Destino, cruel para unos, y glorioso para otros, nos da oportunidades, pero no nos da la conciencia para aprovecharlas. 

El Destino nos burla, se ríe a carcajadas en nuestros momentos desoladores, nos dice que no somos capaces de superarnos. El Destino se sienta en un trono a esperar que tan calificados estamos para construir lo que el destruyó, se sienta, espera, no acosa, nos da espacio para hacerlo a nuestro modo. Ahí es donde entramos a reflexionar, a superar ese Destino malicioso y convertirlo [nosotros mismos] en un Destino bondadoso, capaz de reformar lo anterior, a recuperar todo lo que nos quitó, a sanar todo lo que nos hirió… y al fin y al cabo comenzar a vivir sin estar aferrados a El, sacarnos de la cabeza la idea de que es válido equivocarnos las veces que nos plazca, el Destino también se cansa, y si nos equivocamos mucho se irá apoderando de nuestras vidas y las convertirá en infierno, nos quitará las oportunidades y nos robará algo de conciencia. Hay que tener cuidado con el Destino, al fin de cuentas, no sabemos que nos tiene preparado.

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